Sonidos: the walrus was Paul

McCartney en la Ciudad de la Furia Por: Pablo Font Rojo / Ilustración: Casco

 

A UN BEATLEMANÍACO COMO YO, NADIE LE SACA DE LA CABEZA QUE THE BEATLES FUE LA MEJOR BANDA QUE HA EXISTIDO. ALGUNOS ESTARÁN DE ACUERDO O NO, PERO THE BEATLES, MÁS ALLÁ DE SUS ÁLBUMES Y SUS SENCILLOS DE CULTO, INNOVARON TODO EN LA MÚSICA, ABRIENDO EN MUCHOS SENTIDOS EL MUNDO MUSICAL MODERNO COMO LO CONOCEMOS HOY EN DÍA. MUCHAS DE LAS BANDAS QUE ESCUCHAMOS ACTUALMENTE NO EXISTIRÍAN DE NO SER POR LA INFLUENCIA DIRECTA DE LOS FAB FOUR; Y YO ESTUVE A SÓLO METROS DE DISTANCIA DE UNO DE LOS CHICOS DE LIVERPOOL, EN UNO DE ESOS CONCIERTOS QUE SÓLO SE VIVEN UNAVEZ EN LAVIDA.

No sé cómo ni sé en qué momento, se me pasó la idea por la cabeza apenas supe que no vendría a Chile: ir a Buenos Aires a ver a Paul McCartney (mi beatle favorito). Mi polola me incentivó y, gracias a unos ahorros que guardaba y al visto bueno de mis jefes en Revista Fauna, fue que concreté la locura. Llamé a mi mejor amigo Antonio y le conté de la descabellada idea. “De allá somos”, me dijo cómplicemente y, juntos partimos por una travesía a lo más Magical Mystery Tour.

No me referiré con detalles a los aviones retrasados, los taxistas y meseros aprovechadores, las caminatas infernales por calle Florida y Corrientes, las hermosas mujeres, la prolífica arquitectura, las descomunales librerías y las increíbles disqueras de la capital trasandina. Sólo me referiré a lo que realmente importó: McCartney y su concierto.

A eso de las 19:30 hrs. de aquél segundo recital que el ex-beatle daría en Buenos Aires presentando su gira “Up and Coming Tour” (la última, según la prensa especializada), llegamos al recinto del evento, el colosal Estadio Monumental de River Plate -un lujo aparte para los que disfrutamos del fútbol también- donde, de telonero, estaba tocando Andrés Ciro, el ex vocalista de “Los Piojos”, con una presentación que duró alrededor de una hora y que mezclaba tanto temas nuevos como viejos éxitos del grupo argentino; sin lugar a dudas, escuchar “Tan solo” con todo un estadio coreando fue una de las cosas más impresionantes que he escuchado en mi vida. Luego vino una pausa de una hora donde -desde las pantallas laterales- proyectaron un video collage de imágenes que recorrían la vida, los gustos, la moda, las influencias y los re- cuerdos de McCartney durante sus sesenta y ocho años de vida. Un exquisito entremés para lo que se vendría más adelante.

Fue entonces que pasada las 21:30 hrs. salió a es- cena Paul McCartney con una banda que emulaba  la mítica formación del cuarteto inglés (batería, guitarras, bajo). Cual quinceañera en los años sesenta, mi reacción fue una mezcla de algarabía, aplausos y gritos, que se convirtieron en euforia cuando abrieron –casi como un tributo al viaje- con el primer tema del show: “Magical Mystery Tour”. La gente se olvidó de las sillas y se paró encima de ellas, con Antonio nos abrazamos y coreamos toda la canción. Era McCartney, el mismo que escribió la mejor canción del mundo, el mismo de la sociedad musical más importante de todos los tiempos, el mismo que decían que estaba muerto… tocando frente a nosotros, tocando para nosotros.

“Jet”, “All my loving”, “Drive my car”, “The long and winding road”, “My love”, “I`ve just seen a face”, “And I love her”, “Blackbird”, “Eleanor Rigby”, “Band on the run”, “Back in the U.S.S.R.”, “I`ve got a feeling”, “Paperback writer”, “Let it be”, “Live and let die” (con fuegos artificiales incluidos en el coro), “Hey Jude”, “Day Tripper”, “Lady Madonna”, “Get back”, “Helter Skelter” y “Yesterday” -más un tributo a George Harrison tocando “Something” y otro a John Lennon con un medley de “A day in the life” y “Give peace a chance”- fueron parte de las treinta y siete canciones, dos salidas falsas del escenario y casi tres horas de duración de un show que repasó cabalmente su época Beatle, Wings y solista.

El final fue de antología: “The end”, el décimo sexto track del Abbey Road, fue la elegida (y la más adecuada) para cerrar un concierto lleno de emociones, nostalgia, abrazos, canciones coreadas hasta la disfonía, llamados a Chile desde mi celular en un par de temas y, por sobre todo, magia. Las luces se encendieron y la gente comenzó a retirarse, los comentarios del concierto no se hicieron esperar sobre la calidad del show, la vitalidad de McCartney para tener esa edad, la falta de incorporación de tal canción o el genial arreglo de esta otra… con Antonio discrepábamos en varios temas, pero coincidíamos innegablemente en una sola cosa: habíamos presenciado el concierto más importante de nuestras vidas.

 


Para Anahí Pacheco, Esteban Font, Pablo González, Francisco Diaspro, Erick Mondaca, Gonzalo D`antagnan, Álvaro Rivera, Alejandro Álvarez, Rodrigo Catalán y para todos mis amigos beatlemaníacos que estuvieron conmigo esa mágica noche.

 

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